Templo Mayor y Catedral Metropolitana
El monolito de Coyolxauhqui en el museo
La piedra original que viste en el lugar donde apareció, ahora de cerca.
Ubicación: El Museo del Templo Mayor, Templo Mayor y Catedral Metropolitana.
Esta es la pieza más importante del museo, y probablemente la que más conoce el público. Es el monolito de Coyolxauhqui, el disco que apareció en mil novecientos setenta y ocho y que dio origen a todo el proyecto.
Primero, las cifras, según el INAH. El disco mide tres metros veinticinco de diámetro y pesa casi ocho toneladas. Es decir, es una piedra enorme, y mover una pieza así fue una tarea considerable para el equipo que la recuperó. Se encontró el veintiuno de febrero de mil novecientos setenta y ocho, al pie de la escalinata sur del templo, donde estuviste hace un rato.
Ahora, la escena. La figura tallada es una mujer, y su cuerpo está desmembrado: la cabeza, los brazos y las piernas aparecen separados del tronco, pero acomodados dentro del círculo. Es una composición que obliga a la mirada a recorrer cada parte, una por una, hasta completar el cuerpo. El relieve está trabajado con mucho cuidado, y eso se nota en los adornos, en los detalles de la ropa y en las formas del cuerpo.
El nombre, según el INAH, quiere decir la que tiene pintura facial de cascabeles. En la tradición mexica, Coyolxauhqui es hermana de Huitzilopochtli. Cuando él nació, ella lideró a sus hermanos, los centzonhuitznahua, en un ataque contra su madre. Huitzilopochtli salió armado, la venció y su cuerpo cayó por la ladera del Coatépetl.
Por eso la piedra estaba al pie de la escalinata del santuario. La escena de la piedra repetía, en el suelo, lo que el mito contaba en la montaña. Quien la veía entendía el mensaje sin necesidad de palabras: el dios triunfa sobre sus enemigos.
Hay algo más que conviene saber. La sala ocho del museo, la última, muestra fragmentos de otra Coyolxauhqui, también monumental, que fue destruida por los españoles. Esa otra pieza no se conserva completa, y eso lo dice todo. Esto hace que el monolito que tienes enfrente sea aún más valioso, porque se salvó de la destrucción.
Fíjate también en cómo se presenta la pieza. En el museo puedes verla de frente. En el templo, en cambio, estaba al pie de la escalinata, a la vista de quien se acercaba al santuario. Imagina cómo se vería allí, con la luz del día. Si recuerdas a Tlaltecuhtli, que conserva restos de color, entenderás que estas esculturas pudieron estar pintadas, aunque en esta pieza conviene leer los carteles para saberlo.
Tómate el tiempo de dar una vuelta y mirarla desde distintos lados. Primero busca la cabeza, luego los brazos y las piernas, y por último los adornos. Esta pieza merece unos minutos de atención, porque resume en un solo objeto el mito, la arqueología y la historia de la ciudad. Sin ella, probablemente no estarías hoy en este museo, y el centro de la ciudad se vería de otra manera.
Escucha la audioguía completa de Templo Mayor y Catedral Metropolitana
Pase de 72 horas por $79 MXN, sin suscripción.