Templo Mayor y Catedral Metropolitana
La plaza y el Recinto Sagrado de Tenochtitlan
Toda esta zona del Centro está levantada sobre una ciudad de lago que tuvo un recinto con hasta setenta y ocho templos.
Ubicación: La Plaza y la fachada de la Catedral, Templo Mayor y Catedral Metropolitana.
Esta guía va de la ciudad española a la ciudad mexica, y conviene empezar por entender qué hay debajo de tus pies.
Según la tradición, los mexicas se establecieron en un islote del lago de Texcoco hacia mil trescientos veinticinco. El terreno era poco, y por eso lo fueron ampliando. Con rellenos, pilotes de madera, canales, diques y puentes, ganaron tierra al lago hasta alcanzar unos trece kilómetros cuadrados y medio, según una guía del INAH. Esa ciudad se llamó México-Tenochtitlan. Tuvo once gobernantes, y su caída llegó en mil quinientos veintiuno, después de la guerra con los españoles y sus aliados indígenas.
En el centro de la ciudad había un espacio apartado, el Recinto Sagrado. Allí estaba el Templo Mayor, al que los mexicas llamaban Huey Teocalli, la casa grande del dios. Lo consideraban el ombligo del universo. Según las crónicas novohispanas, el recinto llegó a tener hasta setenta y ocho edificios, entre templos, altares, plataformas, escuelas y canchas del juego de pelota. No cualquiera podía entrar. Tenían acceso permanente los sacerdotes, los guerreros, los gobernantes y los estudiantes del Calmécac, la escuela de los hijos de los nobles. La gente común entraba durante las fiestas.
Cuando la ciudad cayó, Hernán Cortés decidió que ahí mismo estaría la capital de la Nueva España. Los españoles derribaron el Templo Mayor, y sus piedras se reutilizaron como cimientos de edificios virreinales. Esa es una buena forma de ver lo que pasó. No se levantó una ciudad nueva en un lugar vacío, sino sobre otra que todavía estaba de pie. La Catedral que tienes enfrente forma parte de esa historia. Se construyó en una parte de los terrenos del antiguo recinto, y por eso su suelo blando y su cimentación han dado tantos problemas.
Del Templo Mayor se supo poco durante siglos. Hubo hallazgos aislados en mil setecientos noventa, y Manuel Gamio descubrió una esquina del edificio en mil novecientos trece. Pero el gran descubrimiento llegó en mil novecientos setenta y ocho, cuando apareció por casualidad una piedra circular. De ella hablaremos más adelante.
Así está organizado este recorrido. Primero rodearás la Catedral por fuera y luego entrarás, si está abierta. Después irás a la zona arqueológica del Templo Mayor y a su museo. La Catedral suele ser de entrada libre, aunque algunas áreas piden una cuota o una donación. La zona arqueológica y el museo tienen un solo boleto, y conviene consultar los días y horarios vigentes antes de ir. Si hoy solo quieres una parte, elige una de las rutas más cortas.
Ahora mira alrededor. La Catedral cierra el lado norte de la plaza. Las ruinas del Templo Mayor no se ven desde aquí, porque quedan detrás, hacia el oriente. La distancia es de unos cientos de metros, pero atraviesa dos mundos. Empieza por el que ves de frente, y llévate la pregunta de cuántas capas caben en un mismo lugar.
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