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Zona Arqueológica de Chichén Itzá

Chichén Itzá de un vistazo

Una ciudad levantada junto a pozos naturales de agua, en una tierra sin ríos.

Chichén Itzá de un vistazo

Ubicación: Chichén Itzá de un vistazo, Zona Arqueológica de Chichén Itzá.

Casi todo lo que vas a ver hoy se explica por dos cosas: el agua escondida bajo la tierra y el encuentro de distintas tradiciones de Mesoamérica.

Empecemos por el agua. En esta parte de Yucatán no hay un solo río en la superficie. La lluvia se filtra por la roca caliza y corre por cuevas subterráneas. Los cenotes son los lugares donde el techo de esas cuevas se hundió y dejó el agua al descubierto. Una descripción del sitio recuerda que El Castillo, el edificio más conocido, queda en el cruce de cuatro cenotes: el Sagrado al norte, el Xtoloc al sur, el Kanjuyum al este y el Holtún al oeste. Por eso, antes que una ciudad de piedra, Chichén Itzá es una ciudad de pozos.

El nombre lo dice. Chi significa boca o borde, y ch'een significa pozo. Itzá es el nombre del grupo que da su identidad a la ciudad. Una de las traducciones propuestas lo une con itz, que quiere decir hechicero, y ha, que quiere decir agua: de ahí los brujos del agua. Pero no es la única lectura. Otra fuente cuenta que la gente de la región llamaba a los itzáes los que hablan nuestra lengua a medias. Y los libros del Chilam Balam mencionan nombres más antiguos para este lugar, como Uuc Yabnal, que se ha traducido como siete grandes casas.

Sobre su historia, los arqueólogos suelen dividirla así. El trazado central se formó entre los años setecientos cincuenta y novecientos, y la ciudad tomó su forma final después del año novecientos. La primera fecha jeroglífica del sitio equivale al año ochocientos treinta y dos de nuestra era. La última conocida está en el templo del Osario, y equivale al año novecientos noventa y ocho. Hacia el año mil cien, Chichén Itzá ya había perdido peso como centro regional.

Hay una discusión que conviene conocer. Durante mucho tiempo se pensó que los edificios de estilo parecido al del centro de México, como el Templo de los Guerreros, eran la huella de una invasión desde Tula. Hoy, la mayoría de las interpretaciones habla más bien de influencia y contacto entre regiones, no de una conquista. Verás ese diálogo de estilos a lo largo del recorrido.

Una advertencia práctica. El INAH ha cerrado a la subida y a la entrada muchos de los monumentos. Puedes rodearlos y mirarlos de cerca, pero no subirte a ellos ni entrar en sus cámaras. Por eso algunas paradas te cuentan lo que hay adentro, y tú lo imaginas desde afuera.

Ahora sigue el sendero. Al salir de los árboles tendrás enfrente la Gran Nivelación, la plataforma artificial sobre la que se levanta el centro ceremonial.

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