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Centro Histórico de la Ciudad de México

Palacio de Bellas Artes: el teatro que tardó treinta años

Se proyectó para el Centenario de mil novecientos diez y se inauguró hasta mil novecientos treinta y cuatro, con otro estilo por dentro.

Palacio de Bellas Artes: el teatro que tardó treinta años

Ubicación: Bellas Artes y la Alameda, Centro Histórico de la Ciudad de México.

Antes de que existiera este palacio, aquí había un convento. En la época virreinal estuvo en este sitio el convento de Santa Isabel. Tras la desamortización de los bienes de la Iglesia, el convento se convirtió en casas particulares, y el templo, en una fábrica de sedas. Años más tarde, el ingeniero Gonzalo Garita propuso ese terreno para levantar el nuevo teatro.

El proyecto se confió al arquitecto italiano Adamo Boari, contratado por el gobierno de Porfirio Díaz. A su lado trabajó Garita, ingeniero militar mexicano responsable de la estructura. Juntos introdujeron en México el sistema llamado Chicago, que combina concreto armado y acero. Boari imaginaba un gran invernadero de cristal, rematado por tres cúpulas translúcidas, con ornamentación de estilo Art Nouveau. Las obras comenzaron en mil novecientos cuatro. La meta era inaugurar para el Centenario de la Independencia, en mil novecientos diez.

Pero el suelo de la Ciudad de México es el de una antigua laguna, y el edificio se hundía. En mil novecientos veintiocho hubo que desenterrar la parte hundida del basamento. Después llegó la Revolución. Entre mil novecientos trece y mil novecientos treinta y dos hubo varios intentos de concluir la obra. Boari salió del país y ya no vio terminado su teatro.

En mil novecientos treinta, Federico Mariscal presentó su proyecto definitivo. Las obras se reanudaron en julio de mil novecientos treinta y dos, y la construcción concluyó en marzo de mil novecientos treinta y cuatro. Mariscal conservó el exterior de Boari y diseñó el interior en estilo Art Déco, con formas geométricas y elementos que evocan el mundo prehispánico. Para esos interiores se usaron mármoles de distintas regiones de México.

La inauguración fue el veintinueve de septiembre de mil novecientos treinta y cuatro, con el presidente Abelardo L. Rodríguez. En la función de gala se escuchó a la Orquesta Sinfónica de México, dirigida por Carlos Chávez, y se representó La verdad sospechosa, de Juan Ruiz de Alarcón. Lo que había nacido como un homenaje del Porfiriato al Centenario se abría, por fin, en un México posrevolucionario. El palacio incluía además un museo de artes plásticas, que abrió dos meses después. De él hablaremos en la siguiente parada.

Los cuatro Pegasos de la explanada son obra del escultor español Agustí Querol. Llegaron de España en mil novecientos once y estaban pensados para coronar las esquinas del techo del teatro. Después de varios traslados, incluida una temporada en el Zócalo, terminaron aquí. El Pegaso es el caballo alado de la mitología griega y se asocia con la imaginación y la creatividad.

Hay una pieza que no se ve desde la calle y que solo aparece en ciertas funciones. Es el telón de cristal de la sala, diseñado por el escenógrafo Harry Stoner y hecho por la casa Tiffany de Nueva York. El contrato se firmó en mil novecientos nueve, y el telón quedó instalado en mil novecientos doce. Está formado por cerca de un millón de piezas de cristal opalescente, pesa más de veinte toneladas y representa los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl.

Y hay un dato que sorprende. El Palacio Postal, que Boari y Garita construyeron antes que este teatro, se mantiene en pie sin acusar hundimientos. Lo visitaremos más adelante. Por ahora, voltea hacia la Alameda, porque esta explanada es solo el comienzo.

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